Durante un tiempo se pensó
que la formación on-line iba a funcionar al margen
de la interacción social tan común en la formación
presencial. Hablo de la época en la que se dejó
a los alumnos solos ante el contenido, enfrentados a cursos
estructurados y enriquecidos con todo tipo de recursos multimedia,
pero alejados de cualquier contacto con sus compañeros
o sus profesores. Durante esa época, el e-Learning
se presentó como la panacea, un modelo industrial
de formación de bajo coste y alto rendimiento llamado
a sustituir a la formación presencial. La teoría
era que los alumnos se dirigirían voluntaria y animosamente
a realizar cursos en soledad delante del ordenador, y que
el beneficio sería inmenso para todos: una fuerza
laboral más y mejor formada, la formación
necesaria disponible 24 horas al día, 7 días
a la semana, en cualquier punto del globo donde hubiese
una conexión a Internet, donde hubiese un ordenador...
El sueño de cualquier departamento de formación.
Todos sabemos lo que pasó
después, sobre todo en aquellos mercados como el
norteamericano que nos llevaba años de ventaja: atrapados
en plena burbuja puntocom: las expectativas desmesuradas
de crecimiento no se cumplieron, las empresas recortaron
su inversión en formación (en caso de problemas,
es siempre el primer punto de recorte), y toda la industria
del e-Learning se resintió. Hubo quiebras, fusiones
apresuradas, retiradas masivas del mercado, despidos, reestructuraciones.
El modelo entró en caída libre. Sin embargo,
en el fondo, el e-Learning estaba funcionando, la formación
on-line estaba ya lo suficientemente desarrollada como para
poder competir en igualdad de condiciones con otros modelos
formativos. Los contenidos estaban ahí y eran buenos,
las plataformas sólidas, la única cuestión
pendiente, y no era poca cosa, era cómo comunicar
algo así a los alumnos, cómo hacerles más
atractivo el comienzo, cómo rebajar las barreras
de entrada, y cómo aumentar la satisfacción
de la experiencia formativa, que no lo olvidemos, es mucho
más que leer y estudiar en la soledad de una habitación
enfrentado a la pantalla de un ordenador.
Dos han sido las soluciones
más importantes que se han dado al problema de la
reticencia de los alumnos a enfrentarse a programas de e-Learning.
La primera llegó como una forma de asimilar la formación
on-line a la formación presencial, un intento de
combinar lo mejor de los dos mundos que se llamó
originariamente blended learning, algo así como formación
mixta, formación combinada, o multicanal. Ríos
de tinta se han escrito sobre esta modalidad y hay numerosos
casos de éxito documentados. Sin embargo, la formación
mixta sigue presentando problemas comunes a la formación
presencial: en un momento dado hay que reunir a todos los
alumnos físicamente en un lugar concreto. Es un sistema
que mantiene alto el interés y la motivación
de los alumnos, que se sienten apoyados por sus compañeros
y sus profesores, pero se tienen que reunir, se tienen que
ver, casi podríamos decir que se tienen que tocar,
y eso, cuando hablamos de muchos alumnos dispersos geográficamente,
es un problema muy serio.
La segunda solución,
que puede darse en combinación con la primera o aislada
de ésta, supone ofrecer las herramientas para replicar
on-line las interacciones sociales que se generan espontáneamente
en el mundo presencial, esto es, crear una comunidad virtual.
La experiencia nos enseña que el trabajo en grupo
es más ligero y agradable que el trabajo en soledad,
y sobre todo, que se aprende tanto de los profesores como
de los propios compañeros, y eso es lo que se busca
al crear comunidades virtuales. Las comunidades virtuales
pueden ir desde meros almacenes de información -
un lugar común donde guardar documentos compartidos
- a entornos enormemente interactivos, con herramientas
de comunicación de tipo síncrono (chat, videoconferencia)
y asíncrono (correo electrónico, foros de
debate), lugares de trabajo en común, zonas de preguntas
más frecuentes (conocidas a menudo como FAQ) que
son mantenidas por los miembros de la comunidad, biblioteca
de documentos o de enlaces de interés, áreas
de noticias...
La generalización
de las comunidades virtuales tiene varios efectos colaterales
sobre la formación y sus participantes. Desde el
punto de vista del contenido, impone la atomización
del mismo porque el participante en una comunidad busca
respuestas concretas a sus preguntas concretas, ya sea en
forma de intervención en un foro o en forma de mini-curso
on-line. Desde el punto de vista de las personas involucradas,
los efectos son muy variados. Por un lado, convierte en
imprescindible la figura del tutor, en su papel de dinamizador
de la comunidad y punto pivotal de ésta. Una comunidad
no se crea y funciona de manera espontánea, es precisa
una persona que consiga la masa crítica y la ponga
en movimiento, y ese papel corresponde al tutor, verdadero
enlace entre los profesores y los alumnos del curso, y potencialmente
entre profesores y alumnos de distintos cursos. Por otro
lado, aumenta el ámbito de actuación del profesor
y democratiza en parte su papel, pues en una comunidad todo
participante es creador de contenido y de conocimiento,
y el profesor del curso puede convertirse en alumno de la
comunidad creada en torno a ese mismo curso. Sin embargo,
desde mi punto de vista, el efecto más importante
se da sobre el alumno y el papel que éste tiene que
asumir sobre su formación: el alumno pasa de ser
un receptor de conocimiento, a menudo pasivo, para convertirse
en un elemento activo del conjunto, interactuando de forma
activa con el resto de los miembros de la comunidad, generando
y transmitiendo conocimiento que puede ser utilizado por
cualquiera de ellos.
Como vemos, este tipo
de comunidades incide positivamente sobre cualquier modalidad
de aprendizaje, ya que enriquece notablemente la formación
de vínculos entre sus distintos actores (alumnos,
profesores, autores de contenido...) e incrementa el intercambio
de información. Pero es particularmente bien valorada
en el ámbito de la formación on-line, donde
la creación de vínculos sociales no estaba
originalmente contemplada y es solicitada continuamente
por los alumnos. La experiencia adquirida por el Instituto
Universitario de Posgrado (IUP) en su trayectoria en la
formación de posgrado on-line, nos demuestra que
cuando a los alumnos se les ofrecen contenidos de calidad,
diseñados específicamente para la formación
on-line, y se complementan con la presencia de tutores de
apoyo, y con la posibilidad de reunir a profesores, tutores
y alumnos en torno a comunidades, la idea que los alumnos
tienen del e-Learning mejora notablemente y su valoración
final de la experiencia es tremendamente positiva.